La tentación es instalar de todo. Mi regla terminó siendo la opuesta: menos extensiones, mejor configuradas. Estos son los criterios que fui aplicando con el tiempo.

Lo que suelo mantener

  • Un linter por lenguaje, configurado en el proyecto y no solo en el editor.
  • Formateo al guardar, con la misma configuración que usa el equipo.
  • Errores en línea, para no cambiar de ventana.
  • Git integrado con vista de diferencias, aunque la terminal siga siendo la fuente de verdad.

Lo que suelo quitar

  • Paquetes de snippets enormes que nunca recordaba.
  • Temas y fuentes que probé una semana y abandoné.
  • Extensiones de IA que duplicaban lo que el editor ya hacía.

La conclusión práctica: si no sabés qué problema resuelve una extensión, probablemente no la necesites. El contraste entre editores está en Cursor vs VS Code.